Un pequeño dinosaurio emplumado que vivió hace 115 millones de años en lo que hoy es el noreste de Brasil podría haber dejado algo que durante décadas se consideró imposible de conservar: rastros químicos de su sangre. Un equipo internacional encabezado por la Universidad Curtin, en Australia, reportó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) la detección de moléculas de hemo dentro de estructuras que interpreta como glóbulos rojos mineralizados en los huesos de un Aratasaurus museunacionali.
¿Qué se sabe de esta sangre de dinosaurio?
El hemo es la parte de la hemoglobina que contiene hierro y permite a los glóbulos rojos transportar oxígeno. Según el estudio, publicado el 2 de noviembre de 2026, los investigadores identificaron hemo B y formas alteradas de esta molécula como los principales compuestos de su tipo en el extracto de hueso. Además, hallaron microestructuras elipsoidales dentro de los canales vasculares, los diminutos conductos por donde circulaba la sangre en el hueso.
“Nadie había encontrado hemo dentro de una célula sanguínea fósil”, dijo a ABC News la autora principal, la profesora Kliti Grice, geoquímica de Curtin. En el comunicado de la universidad, Grice calificó el resultado como “un descubrimiento histórico” que ofrece “una ventana molecular directa a la fisiología de animales extintos hace mucho tiempo”.
Un dinosaurio brasileño y una “cápsula del tiempo” mineral
Los huesos analizados, del fémur, la tibia y el pie, fueron descubiertos en 2008 en una mina del noreste de Brasil. De acuerdo con ABC News, el animal tenía unos cuatro años de edad, pesaba alrededor de 34 kilogramos y medía 3.1 metros de la cabeza a la cola. Se trata de un terópodo, el grupo de dinosaurios carnívoros bípedos al que también pertenecen las aves.
La clave de la conservación habría sido el lugar donde murió. El equipo cree que el dinosaurio quedó sepultado rápidamente en un ambiente pobre en oxígeno y rico en microbios, sobre un tapete microbiano: colonias de bacterias y arqueas comunes en zonas costeras. Las estructuras con forma de célula aparecen mineralizadas con hausmanita, un óxido de manganeso (Mn₃O₄) que, según Curtin, actuó como una “cápsula del tiempo” natural al estabilizar las estructuras y algunos componentes biomoleculares, incluidos aminoácidos de colágeno.
En el estudio participaron investigadores de Curtin, de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina-Terrestre (JAMSTEC), del Museo Nacional de Brasil, de la Universidad Regional de Cariri y de la Universidad Johns Hopkins.
Cómo descartaron la contaminación
El gran riesgo en este tipo de investigaciones es confundir moléculas antiguas con contaminación moderna o con compuestos del entorno. Según la revista Science, el equipo realizó casi 30 pruebas distintas. Una de las más importantes comparó el hueso con el tapete microbiano que lo rodeaba, lleno de clorofila, una molécula químicamente parecida al hemo:
- En el tapete microbiano, las moléculas relacionadas con la clorofila superaban al hemo en una proporción de más de 300 a 1.
- En el hueso, la proporción se invertía y dominaban las moléculas relacionadas con el hemo.
- Técnicas como la espectroscopía Raman y la microscopía electrónica de transmisión ubicaron las señales del hemo y sus elementos clave (hierro, nitrógeno y carbono) justamente en las microestructuras.
Eso sí: las pruebas de ADN antiguo dieron negativo, así que nadie va a clonar dinosaurios.
No todos están convencidos
El trabajo ha generado entusiasmo, pero también escepticismo. Mary Schweitzer, paleontóloga molecular de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y pionera en el estudio de tejidos blandos de dinosaurios, aplaudió el rigor del equipo y dijo no tener problema con la presencia de hemo y colágeno en el hueso. Sin embargo, no cree que las imágenes correspondan a glóbulos rojos: en aves y reptiles estas células conservan su núcleo, lo que produce un abultamiento característico que no aparece en las estructuras descritas, y su tamaño tampoco coincide con lo esperado.
Mauricio Barbi, de la Universidad de Regina, consideró convincente la evidencia de estructuras mineralizadas compatibles con glóbulos rojos, aunque advirtió que su identificación “todavía implica cierta interpretación”. No se trata de células intactas ni de hemoglobina conservada, sino de restos químicos y estructuras mineralizadas.
Por qué importa (y qué significa para América Latina)
Durante mucho tiempo se asumió que las moléculas orgánicas desaparecían de los fósiles en, como máximo, un millón de años. Estudios como este desafían esa idea y abren la puerta a investigar la evolución de la sangre, el metabolismo y hasta el nivel de actividad de animales extintos. Incluso podría tener implicaciones para la astrobiología y la búsqueda de vida antigua fuera de la Tierra, según Curtin.
Es especial para América Latina: el fósil es brasileño y en el equipo participaron instituciones de Brasil, lo que confirma que los yacimientos de la región, desde Brasil y Argentina hasta México, son clave para la paleontología mundial. Además, Grice espera que más museos abran sus colecciones a este tipo de análisis: huesos guardados durante décadas en vitrinas y bodegas podrían esconder información molecular que hoy apenas empezamos a leer.
Las investigaciones continúan. El equipo de Curtin ya prueba si puede mineralizar sangre humana con tapetes microbianos de Shark Bay, en Australia Occidental, para entender mejor cómo pudo conservarse la sangre de este dinosaurio.
Fuente original: PNAS: Heme signatures in mineralized red blood cells within vascular canals of a 115-million-year-old dinosaur bone. Cobertura adicional: Universidad Curtin, ABC News, Science y Live Science.

