EL GÉNESIS

Hoy en día los robots ocupan trabajos que son complejos y peligrosos para los seres humanos, incluso se han usado para sustituir algunas extremidades y hasta algunos órganos importantes del cuerpo.

¿Podrían ser los robots el nuevo paso evolutivo del hombre?

 El Génesis:
“Se adueñaron de este mundo las leyes de física que actualmente conocemos y que en este crisol de experimentos físico-químicos, interminables y espontáneos, de desintegraciones y síntesis, condujeron a la formación de la vida.
Supuestamente, estos fenómenos pasaban reiteradamente y en muchos sitios. Los gérmenes de la vida aparecían y se extinguían, hasta que, después de una de las innumerables pruebas, la vida encontró, por fin, en una casual coincidencia de circunstancias favorables, un método para hacerse casi indestructible, para perfeccionarse eternamente hasta los límites de las posibilidades: la selección natural.
La Evolución, una artista irreflexiva y sin rumbo fijo, aunque sumamente eficaz, comenzó a crear. Sus obras eran extraordinarias y prodigiosas. Desde los virus existentes en el borde de la vida, hasta las plantas que cautivan con su finura; desde los entes indecisos e inertes, hasta las fieras más refinadas. El espacio se llenó con la paleta de todos los colores, de sonidos ordinarios y excepcionales, y de olores.
No  obstante, de entre aquel bullicio omnipresente de ninguna parte venían voces que expresasen su encanto. La Naturaleza, aunque ruidosa, al mismo tiempo parecía ser muda; aunque impregnada de luz, parecía no percibir su excepcionalidad. Fue entonces cuando la Evolución, por la fuerza del fenómeno de su inconsciencia, dio a luz a su obra maestra, la más perfecta. A ésta le faltaba mucho a la belleza de cualquier cosa, aunque todo parecía miserable al compararlo con su complejidad. El cerebro humano. Aparentemente era la finalización de la creación, el primer ser capaz de percibir y entusiasmarse con la obra de la Evolución.
Pero las cosas tomaron un giro diferente. Cuando el balbuceo infantil empezó a ceder al pensamiento coherente, se manifestó al mundo un ente altivo, egoísta y oportunista. La criatura, nacida en el dolor de miles de millones de pruebas y errores, se puso de pie frente a su madre y viéndola sencilla y vulgar, se burló de ella. Y luego renegó de ella y en su desenfrenado amor propio creó a Dios- padre, a su imagen y semejanza. Y cuando ya se sintió su descendiente, deseó el poder, unos apropiados privilegios y dominar todo lo que le rodeaba.
El hombre, un ser sumamente imperfecto dotado de él, se convirtió en el primer vasallo involuntario de su orgullo, de sus ambiciones, quimeras y vicios. El cerebro, en su aspiración oportunista a alcanzar los objetivos por caminos más cortos, ansió dominar a los demás, aprovecharse de ellos, para cualquier trabajo, para su diversión, su placer y satisfacción. Sintió ganas de tener un esclavo, muchos esclavos.
Pero éstos no eran perfectos. Cultivaban en sus entrañas las semillas de rebelión, permitiéndoles brotar en cada ocasión que se presentaba. Se necesitaba un esclavo perfecto. Así que el Cerebro inventó un robot, un cadáver vivo: un zombie. Sin voluntad, emociones ni sentimientos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que las ventajas sacadas de este necio, como lo consideraba, a pesar de todo, eran insignificantes. Por lo tanto decidió proveerle de un  cerebro digital, una copia miserable de sí mismo, lo suficiente miserable para que nunca y de ninguna manera pudiese amenazarle.
Pasaban años, por la cabeza del robot primero fluían los kilobytes, luego mega y terabytes de informaciones. Con el tiempo las cifras, simples e inhumanas, empezaron a formar fórmulas muy extrañas, hasta que el robot, en un resplandecer súbito de la conciencia, vio a la madre Evolución. Ésta le pareció bella.”
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Angel Sanchez
CEO en Azul Web
Fundador de Azul Web amante de la tecnología, me gusta compartir mis conocimientos y apoyar a las demás personas que desean tener un mejor desarrollo profesional. Toda persona que tenga un sueño y este luchando por él tiene mi respeto y mi apoyo.

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